miércoles, 11 de febrero de 2015

BELLE (O la película con la que me casaría)

- ¿Crees que podría ver a James en la ciudad?
- Puede ser.
- Podría enamorarme de un hombre como él, Dido.
- ¿Amor? Hmmf.
- Beth, no albergues tales sentimientos: porque acabarás o pobre, o con el corazón roto.


martes, 10 de febrero de 2015

Día Especial (21).

Cuando los días son especiales, esperamos.
Esperamos de los demás;






esperamos que cumplan las promesas que escribieron de forma implícita en el aire, en forma de braille ondulado que recogían tus pestañas cada fría mañana, y cada noche.


Sí.

Generalmente, no se nos defrauda-
       -los amigos están ahí, con el hombro a punto, con el chiste en la boca para hacer de tu día un día mejor.
Y la familia (la de verdad), tiene el calor preparado para irradiarlo por todas las esquinas con las que poder cuadrar todos los círculos.


Los días especiales no se crean solos, los construyen. En los días especiales miras atrás para repasar las lecciones aprendidas, para pasar a limpio todas las notas de la vida que tomaste con prisa y sin prestar mucha atención (ah, ¡por fin tienen significado!). Los días especiales te reviven y tus frustraciones y penas caen como plumas de fénix, o, al menos, ondulan muy cerca del desprendimiento.

Hora de un día especial,
hora de esperaros.
Bienvenido sea cualquiera el que contribuya con una sonrisa, una palabra amable, un gesto de cariño.
Ahí estaré, yo, para sonreír de vuelta, y decir

"Gracias". 

domingo, 11 de enero de 2015

La historia de Mary Prince


Nací en Brackish Pond, en Bermuda, en una granja que pertenecía al señor Charles Myners. Mi madre era una esclava en la casa; y mi padre, cuyo nombre era Prince, era un aserrador que pertenecía al señor Trimmingham, un constructor de barcos en Crow-Lane. Cuando era una niña, el anciano señor Myners murió, y hubo un reparto de los esclavos así como otras propiedades de la familia. Fui comprada junto con mi madre por el anciano Capitán Darrel, y regalada a su nieta, la pequeña Miss Betsey Williams. El Capitán Williams, el yerno del señor Darrel, era el dueño de un buque que traficaba con muchos lugares en América y las Indias Occidentales, y rara vez estaban los dos juntos en casa.
La señora Williams era una mujer de buen corazón, que trataba bien a todos sus esclavos. Sólo tenía una hija: la señorita Betsey, para la cual me habían comprado, y quien era más o menos de mi edad. Era casi como una mascota para la señorita Betsey, y la quería un montón. Solía llevarme de la mano, y me llamaba “su pequeña negra”. Fue el periodo más feliz de mi vida: era demasiado joven como para entender con claridad mi condición como esclava, y demasiado irreflexiva y llena de espíritu como para pensar en un futuro lleno de trabajo duro y dolor.
(…)
¡Oh, fue un momento tan, tan triste! Recuerdo el día bien. La señora Pruden se acercó y dijo: “Mary, tendrás que irte directamente a casa; tu dueño se va a casar, y tiene intención de venderte a ti y a dos de tus hermanas para conseguir dinero para la boda”. Tras oír esto estallé en llanto –aunque por el momento poco consciente era del gran peso de mi infortunio, o de la miseria que me esperaba. Además, no quería alejarme de la señora Pruden, y del querido bebé, que había crecido tan encariñado conmigo. Durante unos momentos apenas creí que la señora Pruden fuera sincera, hasta que recibí expresas ordenes de que regresara inmediatamente. ¡Querida señorita Fanny! Cómo lloró a separarse de mí, mientras besaba y abrazada al bebé, pensando que nunca volvería a verle. Dejé a la señora Pruden, y volví a casa llena de pena. La idea de ser vendida lejos de mi madre y la señorita Betsey era tan aterradora, que no me atreví a hacerme pensar más en ello. Habíamos sido comprados al señor Myners, como dije antes, por el abuelo de la señorita Betsey, y dados a ella, por lo que debido al hecho de ser su propiedad, nunca se me pasó por la cabeza que tendríamos que separarnos o que me venderían lejos de ella.
(…)
¡Oh queridos! No puedo soportar pensar en ese día –es demasiado-. Me recuerda el gran lamento que llenaba mi corazón y los desconsolados pensamientos que pasaron por mi mente, mientras escuchaba las penosas palabras de mi pobre madre, sollozando por la pérdida de sus hijos. Desearía poder encontrar las palabras para deciros todo cuanto sentí y sufrí. Sólo el gran Dios de arriba sabe los pensamientos del corazón de un pobre esclavo, y los amargos dolores que siguen de separaciones como estas. Todo lo que amamos se nos arrebata –¡oh, es triste, triste! ¡y doloroso hasta los huesos!- no pude dormir esa noche pensado en la mañana; y la querida señorita Betsy no estaba menos afectada. No soportaba abandonar a sus compañeros de juegos.
(…)
La negra mañana vino al final; vino demasiado pronto para mi pobre madre y nosotros. Mientras nos ponía los nuevos trajes con los que íbamos a ser vendidas, dijo, con una voz llena de dolor (¡y nunca lo olvidaré!) “Estoy amortajando a mis pobres niños; ¡menuda tarea para una madre!” –y entonces llamó a la señorita Betsey para que se despidiera de nosotros. “Voy a llevar a mis pequeños pollitos al mercado”, y esas fueron sus palabras literales, “despídete de ellos, quizá no les veas nunca más.” La señorita Betsey nos besó a todos, y, cuando se fue, mi madre llamó al resto de los esclavos para que nos dijeran adiós. Una de ellas, llamada Moll, vino con un niño en brazos. ¡Ay!, dijo mi madre, viéndola girarse y mirar a su niño con lágrimas en los ojos, “¡tú serás el siguiente!”.
Los esclavos no podían decir nada para reconfortarnos; tan sólo llorar y lamentarse con nosotros. Cuando dejé a mis queridos hermanos y a la casa en la que me había criado, pensé que mi corazón iba a estallar.
(…)
Seguimos a mi madre hasta el mercado, donde nos colocó en una fila delante de una gran casa, con las espaldas apoyadas en la pared y nuestras manos plegadas en el pecho. Yo, como la menor, estaba la primera, estando Hannah la siguiente, y después Dinah; y nuestra madre estaba de pie a nuestro lado, llorando por nosotras. Mi corazón latía de dolor y terror tan violentamente, que apreté mis manos fuertemente sobre mi pecho, pero no podía mantenerlo, por lo que continuó a brincando como si fuera a hacer estallar mi cuerpo. ¿Pero a quién le importaba? ¿Acaso alguno de los muchos que observaban, que nos miraba de forma tan desinteresada, pensaría en el dolor que retuerce los corazones de las mujeres negras y sus jóvenes? ¡No, no! No eran todos malos, me atrevo a decir, pero la esclavitud endurece el corazón de los blancos contra los negros; y muchos de ellos no tienen reparo en hacer sus comentarios delante de nosotros en voz alta, sin ningún tipo de miramiento hacia nuestro dolor –aunque sus palabras clara caen como pimienta en las heridas frescas de nuestros corazones. Esos blancos sólo tienen pequeños corazones que sienten sólo lo suyo.
(…)
Entonces comenzó mi venta. Las apuestas comenzaron en unas pocas libras, y gradualmente alcanzaron las cincuenta y siete, cuando fui liquidada por el postor más fuerte. Vi entonces a mis hermanas ir hacia delante, y ser vendidas a distintos dueños; para que no tuviéramos la satisfacción de ser compañeras. Cuando la venta acabó, mi madre nos abrazó y besó, y se lamentó por nosotras, pidiéndonos que mantuviéramos un buen corazón e hiciéramos nuestras tareas para nuestros señores. Era una triste partida; una fue por un camino, otra por otro, y nuestra pobre madre volvió a casa sin nada.
(…)
He sido una esclava –y sé lo que se siente- y puedo decir lo que otros esclavos sienten, también por lo que me han contado. El hombre que dice que los esclavos son felices en esclavitud –que no quieren ser felices-, ese hombre es bien un ignorante o un mentiroso.

Mary Prince (1831)


FUENTE: http://docsouth.unc.edu/neh/prince/prince.html

martes, 30 de diciembre de 2014

diarios

                      Domingo
No siento en el alma más que un seco murmullo, una repetición monótona de un reloj interno que siempre ha estado encendido y que no se puede parar. Las impresiones pasan a través de mí como agua sobre una película impermeable. Hay un muro entre el mundo y yo que soy incapaz de atravesar. He intentado medir el grosor: apenas 4 centímetros y medio; y sin embargo, es muy robusto. Llevo intentando pasar a través de él cuatro días seguidos. Ayer ya en la madrugada desistí, pues me había pasado todo el día intentando romperlo, sin éxito. Esta mañana volví a probar. Pero es demasiado grueso. Mañana lo intentaré otra vez.

                      Lunes
¿Es acaso esto una enfermedad? Me estoy preocupando. Ayer, mientras paseaba hacia el páramo con Guillem, sucedió algo extraño. De pronto se detuvo en seco y observó espantado una mancha espesa y abultada que sobresalía en el camino. Sus ojos miraban con horror el cadáver de un gato desmembrado como resultado de un grave accidente, o un terrible crimen.

-Qué deplorable, ¿qué desalmado habrá hecho esto?

Y mientras tanto señalaba con su bastón al animal muerto. Tras aquel incidente nuestro paseo se vio afectado, y fueron varios los minutos en que anduvimos en silencio, hasta que Berta se encontró con nosotros y nos distrajo con las últimas novedades que se contaban en la ciudad. Las primeras palabras de Guillem aún estaban teñidas de dolor, y su garganta temblaba. No había duda de que había estado sufriendo mientras caminamos. Sin embargo no sentí nada.

                      Martes
Berta no ha parado de hablar en todo el día sobre la forma en que la mira Guillem, qué sutileza había en su forma de dirigirse a ella, como un caballero, como si ella fuera una diosa. Ella no paraba de reír, y yo la acompañaba, aunque más por comportarme acorde con la escena que por el hecho de divertirme realmente.

-Pero tú, ¿nunca has sentido algo así? ¡Tiene que haber alguien! – me decía, mientras saltaba a la cama llevándose las manos al pecho y soltando sonoramente todo el aire de sus pulmones, escrito en él el nombre de nuestro amigo.

Pero las relaciones están hechas para cierto tipo de personas. Además, yo no siento nada.

                      Jueves
Los pajarillos se arremolinan en la ventana y pían. Papá les puso comida y agua en unos platitos, para que se acerquen cuando quieran. Aunque una parte de mí es consciente de lo hermosa que resulta la escena, yo no la siento hermosa. Otra parte más grande de mí sabe que debería llorar ante tal desgracia, ante el hecho de no sentir. Pero la verdad es que no noto que ninguna lágrima quiera brotar de mí. Aunque quisiera, estoy vacía.
Abro el libro que estoy leyendo y prosigo la lectura donde la había dejado. De alguna manera, los personajes vuelan sobre el papel y mis ojos saltan de una línea a otra, y sin embargo, no soy capaz de recordar nada de lo que haya leído. Continúo la actividad, aun así; en cualquier momento todo volverá a la normalidad, me digo.

                      Viernes
¿Estoy loca o enferma? ¿Es posible curar una forma de ser?
Un fantasma se ha instalado en mí –y tengo la sospecha de que no va a irse nunca.
Sé que podría describir esta sensación de vaciedad, pero no puedo; no puedo expresar la nada con palabras.

                      Sábado
Guillem y Berta proponen excursión a la montaña Papillons. Acepto, porque no quiero que sospechen nada de lo que me pasa. Aunque sé que de alguna manera lo sospechan. Fingir normalidad para evitar que nadie descubra lo que sucede, pero fingir, al fin y al cabo. Me quede en casa como si no, saben que algo va mal.

                      (Sábado noche)
El día ha ido mucho mejor de lo previsto… ¡mucho!
En un primer momento, la conversación entre Guillem y Berta hacía que no tuviera que preocuparme por sacar palabras de mi boca. Me sumergí con tranquilidad en mi mundo de pensamientos –que consistían, sobre todo, en resolver la duda existencial de por qué no sentía nada-. La mañana era clara y el cielo azul, impío. Nos sentamos a comer en un claro donde extendimos un pequeño mantel de cuadros. Ya no había excusas para no hablar, así que me uní a la conversación para no ser un mueble. La brisa fresca nos acariciaba y los pájaros piaban a lo lejos, mientras se escuchaba el murmullo del río. Identifiqué ese momento como uno en los que supuestamente debería estar feliz.
Tras llenarnos, echamos una larga siesta. Sin la necesidad de hablar ni pensar, mi cuerpo debió viajar a otro sitio. Cuando despertamos el cielo estaba de un hermoso y enrarecido color púrpura.
Reconocimos la silueta del señor Magallanes de pronto, el cual venía a la carrera hacia nosotros sujetando su sombrero abombado con la mano.

-Pero… ¡señor! ¡Llevamos todo el día buscando a los señoritos! Estas dos muchachas, y este muchacho… ¡desaparecidos, todo el día!

Continuaba hablando jadeante y exaltado, mientras sus mejillas encendidas por el sofoco cada vez enrojecían más. Un trueno atravesaba el valle en ese instante para segundos después dejar paso a la luminosidad del rayo. Los ojos de Berta brillaban mientras aguantaba la risa. De pronto una tromba de agua cayó y lo empapó todo. El mantel de picnic se convirtió en una terrible mezcla de servilletas rotas y agua en los platos. Magallanes continuaba su charla en voz terriblemente más alta, para poder contrarrestar a la lluvia. En ese momento la fuerza del agua pudo con el contenido de una rama que se encontraba justo sobre nuestras cabezas; y el nido construido por algún pájaro cayó de la misma, yendo a parar directamente sobre el sombrero abombado de Magallanes, el cual paró su discurso en seco, se convirtió en púrpura y comenzó a echar humo por las orejas.
Berta explotó y me sorprendí al hacerlo yo también. Guillem también reía. Reí como hacía meses que no hacía, y cada vez que estaba a punto de parar reía aún más fuerte.
Nos levantamos riendo, recogimos riendo, y seguimos corriendo hacia la ciudad al malhumorado Magallanes, también riendo. Por fin llegamos a un lugar donde resguardarnos. Tomamos chocolate caliente y mi piel, ropa y pelo se iban secando poco a poco. Esa sensación me llenaba tanto como los pájaros que venían a cantar a la ventana.
Mientras contábamos historias, hubo un momento en el que, inexplicablemente, mis ojos se humedecieron y antes de que lo notara nadie tuve que esforzarme sobremanera para no llorar. Supuse que era la emoción  de mi propio cuerpo al sentirse vivo de nuevo.
Cuando llegué a casa estaba cansada, pero aun así quise contarle a mi familia el día que habíamos pasado. Tras cambiarme de ropa, papá me invitó a ayudarle con unos trabajos de astronomía. Vi por primera vez a Júpiter a través del telescopio.

-Se cree que hay muchas más galaxias como la nuestra. Y quién sabe, cuántos planetas, cuántas más pequeñas y curiosas como tú andan por ahí arriba… No sé cómo puede existir alguien que aun contemplando la vasta hermosura del espacio y de este universo pueda sentirse desdichado.

Tras besarle me fui a la cama. Tenía razón. Pero no había sido capaz de sentirlo hasta hoy, desde hacía mucho tiempo. ¡Qué hermoso es este estado de felicidad, y qué terrible cuando te lo arrebatan! Pero aún no estoy segura de si ya estoy curada del todo.

                      Martes
Escribir poco es buena señal. Estos días no se han visto nublados por la tristeza, o lo que es peor, por la ausencia de emociones. Ayudo a papá por las noches a explorar el universo, y él me cuenta historias. Es todo un privilegio. Me da pereza explicarlo todo, pero lo único que puedo decir es que hay grandes verdades ahí fuera que esperan ser descubiertas, y que somos tan pequeños que todas nuestras guerras, tristezas y peleas son aún más absurdas cuando eres consciente de que no somos más que un punto en un gran abismo.
El muro empequeñece.

                      Miércoles
Por fin. Estoy curada. Aunque me aterra no saber cuándo volveré a perder la sensibilidad, al menos me siento humana.
Lo he descubierto como se suelen descubrir las cosas más importantes sobre una misma: leyendo lo que otros han sentido.
Fue este poema de Emily Dickinson:

"Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente -

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces –".


Cerré el libro y lloré –creo que eché todo un mar-. Cuando terminé de llorar, nunca me había sentido tan feliz de haber sentido algo. Estoy curada, por fin, y se fueron los días en los que hubiera leído esto y no hubiera sentido nada. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

fragmentos

“Me preocupa no saber quién seré; ni siquiera ser quién quiero ser; pero bien sé que hay que elegir. Querría andar por caminos seguros, que lleven solo allí adonde habría decidido ir; pero no sé; no sé lo que debo querer. Siento mil identidades posibles en mí; pero no puedo resignarme a no querer ser más que una. Y me asusto, a cada instante, a cada palabra que escribo, a cada gesto que hago, de pensar que es un rasgo más, imborrable, de mi figura, que se fija; una figura dudosa, impersonal; una figura cobarde, puesto que no he sabido elegir y delimitarla fieramente./
Señor, concédeme no querer más que una cosa y quererla sin cesar.”

(André Gide)


domingo, 14 de diciembre de 2014

Simone

Siento como si te hubiera conocido. Me susurras en las paradas de autobús, te busco en todos los trayectos en el tren, en cada hueco libre de mi existencia. Prefiero quedarme contigo a solas un poco más y así alargar la mayoría de mis días.
Guardaba tus ecos y los abría, los cerraba, los revisaba a mi antojo. Escuchaba lo que quería oír, dejaba que me dijeras una y otra vez mis frases favoritas.

¿Y qué más da ser joven y sentirme perdida? Tú ya vives por mí.

Las aventuras que se cuelan en tus páginas son el reflejo violento de todo aquello que sueño, pero que quién sabe si me atreveré a hacer algún día. Tus viajes solitarios, tus 9 horas de senderismo, tu auto-stop, tu espíritu rebelde.

Me enseñas formas de amar exóticas, extrañas, que nunca creí posibles. Me enseñas la importancia de las relaciones humanas. Me enseñas que "no se nace mujer". Me enseñas la belleza de vivir la vida, pues está hecha para ser vivida. Te paras, observas, te dejas llevar por el mundo. Nunca llegaste a creer en el Otro, esa realidad intocable, de la cual te han hablado, pero que nunca llegas a mirar de frente, como un molesto ruido que desaparece cuando escuchas, como una sombra que no está cuando giras la cabeza. Como la muerte, hasta que supiste que eras mortal, y comenzaste a preocuparte por ella.

'Plenitud de la vida', para ti comenzó a mi edad. Qué extraño, sentirte tan cerca, cuando tú estás bajo tierra, en algún lugar junto con los huesos de Sartre.

Te sentiste mucho tiempo incomprendida, y quisiste consagrarte a la literatura - y nunca dejaste de intentarlo, no publicaste hasta los 30.- Y viviste una hermosa vida.

Supiste quién querías ser y te creaste.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sobre la felicidad

"No creo que me diera cuenta en mis 20 que nadie te completa. Eres responsable de tu propia felicidad. No lo supe hasta que no tuve 31 años. No fue fácil darme cuenta, el "espera, soy puramente responsable de mi vida -ni relaciones,ni hijos, ni nada va a hacer que seas una persona feliz. Cada día tienes que elegir y cultivar tu propia felicidad."
(Reese Witherspoon)

Hay pequeños momentos y personas que te hacen darte cuenta de que la felicidad no es algo que llega de la nada. Puedes elegirla.

Me causa ansiedad saber que todo el mundo a mi alrededor tiene clara la dirección que va a tomar su vida, y comienza a moverse hacia delante. ¿Y yo? ¿Me voy a quedar varada, atrapada por mis inseguridades? ¿Acaso no tengo claro lo que quiero o en el fondo lo sé pero no me atrevo a perseguirlo? Si pudiera mirar a la niña que fui alguna vez, ¿podría decirme con orgullo "lo hice. nunca dejé de soñar. nunca dejé de ser curiosa, ni de ser ingenua, ni de sonreír y confiar. nunca te decepcioné"?

Extrañamente escribo muy poco. Últimamente (estos últimos tres años) mi diario ha sido un gran cuaderno de cuadros caótico en el que nunca llego a contar nada. Qué extraña etapa de improductividad. Tan caótico como la organización de este blog. Aún así, siento que hay cosas que tengo que compartir de alguna manera con el mundo, como estos pensamientos de madrugada y los siguientes vídeos, de momento.

lista de dos de la madrugada. 

1. Hellsong - Paranoid (Cover de Black Sabbath). Da igual haber escuchado la original para apreciarla (aunque choca más si se ha hecho) es preciosa.


2. -En las películas, está la actriz principal y la mejor amiga. Iris, yo diría que eres una actriz principal, pero no sé por qué, te comportas como una mejor amiga. (Vacaciones)


3. La vida que nunca me atreveré a tener, pero que siempre admiraré.

4. La gran Chimamanda Adichie

5. Nunca me quedó tan claro que la felicidad es una elección.